El problema no comienza cuando aparece un líder autoritario. Comienza mucho antes: cuando una parte de la sociedad se cansa tanto de que las instituciones no funcionen que empieza a pensar que las reglas estorban.

Hay un dato que debería preocuparnos.

No por el gobierno de turno.

LA ISLA AHORA

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No por el PRM.

No por el PLD.

No por la Fuerza del Pueblo.

Por nosotros.

El Latinobarómetro 2026 encontró que un 61 % de los dominicanos consultados estuvo de acuerdo con que no le importaría que un gobierno no democrático llegara al poder si resolviera los problemas del país.

Leámoslo otra vez.

No dice que 61 % quiera una dictadura.

No significa que mañana seis de cada diez dominicanos estén dispuestos a eliminar las elecciones.

Pero revela algo que quizá sea igual de importante:

hay mucha gente cansada de esperar resultados.

“Que venga alguien y resuelva”

La frase aparece constantemente.

Cuando ocurre un atraco.

Cuando un proceso judicial dura años.

Cuando alguien acumula órdenes de arresto.

Cuando una institución no responde.

Cuando una obra nunca termina.

“Hace falta alguien que ponga orden”.

“Que venga uno que resuelva”.

“Demasiados derechos”.

“Con mano dura esto se arregla”.

Parecen expresiones aisladas.

Quizás no lo sean.

El mismo Latinobarómetro encontró que un 69 % de los dominicanos consultados estuvo de acuerdo con que “un poco de mano dura del gobierno no le viene mal al país”.

Y ahí existe una advertencia.

La democracia también tiene que funcionar

Es muy fácil responder diciendo que la población debe valorar la democracia.

Claro que debe hacerlo.

Pero las instituciones también tienen una responsabilidad.

La democracia no puede pedir confianza indefinidamente mientras los problemas cotidianos permanecen intactos.

Si denunciar no sirve.

Si una sentencia nunca llega.

Si la corrupción queda sin consecuencias.

Si la delincuencia controla determinados espacios.

Si conseguir un servicio público sencillo se convierte en una odisea.

Entonces aparece una tentación peligrosa:

“Quizá necesitamos menos reglas y alguien que simplemente resuelva”.

El problema es lo que viene después

La historia enseña que entregar controles institucionales parece una solución sencilla hasta que quien concentra el poder toma una decisión que nos afecta a nosotros.

Los derechos que hoy parecen obstáculos pueden ser exactamente los que mañana necesitemos.

El debido proceso puede resultar incómodo hasta que somos nosotros los acusados.

La libertad de expresión parece secundaria hasta que somos nosotros quienes necesitamos denunciar.

La separación de poderes puede parecer lenta hasta que necesitamos que alguien pueda detener al gobernante.

Por eso las reglas existen.

No solamente para controlar a los malos gobiernos.

También para impedir que un gobierno popular llegue a creer que puede hacerlo todo.

La advertencia es para todos

Gobierno y oposición deberían mirar ese 61 % con preocupación.

No como una oportunidad electoral.

Como una advertencia.

Cuando una mayoría responde que no le importaría un gobierno no democrático si este resuelve los problemas del país, algo está fallando en la relación entre ciudadanos e instituciones.

La respuesta no puede ser sermonear a la población.

Tiene que ser demostrarle que la democracia también puede resolver.

Que puede ofrecer seguridad.

Que puede impartir justicia.

Que puede castigar la corrupción.

Que puede administrar bien.

Que puede producir resultados sin pedirnos nuestros derechos a cambio.

Porque el día que una sociedad llegue realmente a convencerse de que para resolver sus problemas necesita menos democracia, recuperar lo perdido puede resultar mucho más difícil que perderlo.

La democracia no solamente tiene que defenderse.

También tiene que funcionar.